Idioa Villanueva: «La Unión Europea trabaja a base de parches»

Idoia Villanueva. Foto: Diario de Navarra

Europa Ciudadana ha puesto en marcha un espacio monográfico de entrevistas a los eurodiputados españoles que trabajan en las instituciones europeas para que cuenten su experiencia en Bruselas.

En esta ocasión, Idoia Villanueva ha relatado su experiencia como eurodiputada del Grupo de la Izquierda. El trabajo de Villanueva en la Eurocámara se centra en asuntos exteriores, derechos humanos y medioambiente. Actualmente, es secretaria de Internacional en la formación política Podemos. La eurodiputada navarra estudió Ingeniería Informática en la Universidad del País Vasco (UPV) y obtuvo un máster de Administración y Dirección de Empresa en la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó durante 10 años en la gestión y desarrollo de proyectos tecnológicos y de su trayectoria política destaca su etapa como senadora por el Parlamento de Navarra (2015-2019), donde ocupó la portavocía de la Comisión de Exteriores y de la Comisión para la Unión Europea. Trabaja en el Parlamento Europeo desde 2019.

  • ¿Cómo es su día a día en el Parlamento Europeo? ¿Qué balance hace de su trabajo como eurodiputada?

El trabajo cotidiano en el seno de la Eurocámara es frenético. Nuestro trabajo gira sobre varios ejes que van desde el trabajo legislativo dentro de las Comisiones, el seguimiento de la actividad de la Comisión y del Consejo, la iniciativa y agenda política acordes al mandato por el que hemos sido elegidas y elegidos, hasta la rendición de cuentas frente a la ciudadanía que tiene el derecho y debe conocer el contenido de nuestro trabajo.

Tras dos años y medio de legislatura, creo que desde Podemos y el Grupo de La Izquierda en el Parlamento Europeo hemos realizado un trabajo solvente y de liderazgo en muchas de las preocupaciones que tienen las personas que viven en Europa. A menudo, muchas de las decisiones que se toman en Bruselas no llegan a la ciudadanía, que las ve lejanas y no se beneficia de ellas. Creo que hemos sido capaces de poner encima de la mesa cuestiones que hace unos años eran impensables y que ahora la Comisión, el Consejo y el Parlamento consideran como parte fundamental de la solución a las múltiples crisis que vivimos: la reforma fiscal, el fin de los beneficios caídos del cielo de las eléctricas, el desarrollo del Pilar Social de la Unión, la mutualización de la deuda… No obstante, son medidas anunciadas como coyunturales y temporales, lo que da buena cuenta de que la Unión trabaja a base de parches y de que, tal y como funciona ahora, es incapaz de realizar una reforma estructural que ponga sus instituciones y recursos al servicio de la gente.

Por ello, nuestra labor es fundamental, ya que seguimos marcando la agenda en cuestiones sociales y obligamos al resto de la Eurocámara a pronunciarse sobre los temas que realmente preocupan a la ciudadanía. No siempre es fácil, ya que la derecha ha comprado la agenda de la ultraderecha y el bloque reaccionario impide que podamos sacar adelante iniciativas que tienen como objetivo garantizar los derechos económicos, sociales, civiles y políticos de la población. Con todo, seguimos empujando en esa dirección día a día.

  • ¿Qué diferencias hay entre la Eurocámara y otros Parlamentos en los que haya estado (Congreso de los Diputados, Parlamentos autonómicos)?

El Parlamento de Navarra me eligió por amplia mayoría en 2015 como senadora autonómica. Tras nueve legislaturas y más de 30 años, fue todo un honor ser la primera mujer propuesta y designada como senadora por Navarra. Desarrollé mi trabajo en el Senado desde 2015 hasta 2019 en cuestiones como infancia y juventud, medio ambiente, asuntos exteriores y Unión Europea. En cuanto a las diferencias entre la Cámara Alta y el Parlamento Europeo, aunque pueda parecer extraño, no son tan grandes. Las hay en cuanto al “tamaño” de la institución, por la envergadura y ámbito de las leyes que se trabajan. Más allá de esto, desde Podemos tratamos de acercar las instituciones a la sociedad civil, a las ciudadanas y ciudadanos, y tanto en una como en otra institución he intentado ser canal de las justas reclamaciones de nuestro pueblo.

En cuanto a los temas trabajados, en el Senado ya participaba en la Comisión de Exteriores y la Comisión Mixta de la Unión Europea, por lo que cuando llegué al Parlamento Europeo, conocía su funcionamiento. Además de los temas internacionales, para Podemos siempre ha sido esencial trabajar sobre las preocupaciones de las mayorías sociales, por ello, a lo largo de estos años, tanto en el Senado como en el Parlamento Europeo, he trabajado en iniciativas para hacer frente a la falta de derechos laborales y económicos de los colectivos que llamamos uberizados, la persecución del trabajo humanitario y de las organizaciones sociales en defensa de personas migrantes, etc. Trabajar en temas globales que afectan también de manera particular a las personas me ha permitido tener siempre una mirada puesta en Navarra, mi tierra.

En lo concreto, el trabajo en Bruselas y Estrasburgo dificulta la conciliación y el trabajo en el territorio, ya que son instituciones más alejadas física y simbólicamente de la ciudadanía y en ocasiones es complicado hacer llegar nuestro trabajo.

  • ¿Qué destacaría de la actividad del Parlamento Europeo?

El trabajo en el Parlamento Europeo conlleva una gran responsabilidad. En los últimos años hemos afrontado numerosos retos: desde la pandemia, pasando por las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de la misma, hasta la ahora guerra en nuestra vecindad y la subida de los precios de la energía y de los alimentos.

La respuesta de estos desafíos de gran calado se ha dado, en gran medida, desde la Unión Europea, y el papel del Parlamento ha sido fundamental. La Eurocámara es la única institución europea elegida democráticamente. Son las ciudadanas y ciudadanos europeos quienes escogen a sus representantes cada cinco años. En un momento en el que hay que tomar decisiones urgentes, importantes y determinantes para nuestro futuro, el hecho de contar con una institución que participe, controle y decida es fundamental.

No es, sin embargo, suficiente. El trabajo de las y los eurodiputados en las Comisiones y en el Pleno no suple el gran déficit democrático de la Comisión y del Consejo. Por ello, es tan importante que pongamos en valor el trabajo que hacemos en el Parlamento, que suele ser la institución más progresista y que en la mayoría de las ocasiones es el baluarte de la valentía y la ambición que las políticas públicas europeas necesitan. Lo vemos a menudo con la posición de la Eurocámara en materia climática. Desde el Parlamento pedimos que se ponga un tope a todo el gas, no solo el ruso, y que se desacople el gas de la formación de precios de la electricidad. Llevamos meses esperando a que la Comisión y el Consejo consideren la propuesta. Esto es un buen reflejo de que, a pesar de que la UE tiene los recursos para hacer frente a crisis de esta magnitud, no tiene voluntad política.

  • ¿Qué retos y qué oportunidades presenta la Unión Europea para España?

El proyecto de la Unión está en peligro. España siempre ha sido un país europeísta, porque hemos mirado a Europa como ideal de progreso y de derechos. La crisis de 2008 rompió con eso, porque la UE no solo permitió que se hiciera política contra la gente, lo exigió: recortes del gasto sanitario, del gasto educativo, de la administración, de las pensiones… Cuando las condiciones de vida materiales de las personas están amenazadas, surge la incertidumbre y el miedo. Y este caldo de cultivo ha alimentado el surgimiento de movimientos de extrema derecha. Hoy el sentimiento de desafección es totalmente comprensible: debemos aprender de los errores del pasado, y es que las fuerzas reaccionarias son fruto de las decisiones tomadas en la última década. Por eso tenemos que construir una Europa diferente, cuyas recetas no incluyan la austeridad ni tengan la economía por bandera: que pongan en el centro a la gente y las instituciones de la Unión a su servicio.

Europa tiene ahora que estar a la altura: la sucesión de crisis, el blanqueamiento de la extrema derecha y la timidez de la UE en cuestiones como la reforma fiscal, el papel del BCE o el pacto europeo no ha hecho sino posponer respuestas para problemas que ahogan a quienes viven en Europa. Esta dejación de funciones tiene consecuencias directas, y la antipolítica derivada de la falta de soluciones está alimentando discursos en blanco y negro. El principal reto de la Unión Europea es decidir quién quiere ser y al servicio de quién está y no dejarse arrastrar por una agenda nacionalista, racista y homófoba con cada vez más peso dentro del Consejo.

  • ¿Qué temas marcarán la agenda europea en lo que queda de año?

Sin duda, el precio de la energía y del coste de la vida. Llevamos meses avisando de que se acerca el invierno y de que necesitamos un plan energético y de lucha contra la inflación. Sin embargo, todavía no hay un plan concreto más allá de acumular gas. Gas, por cierto, como el gas natural licuado procedente de Estados Unidos y de Emiratos Árabes Unidos y extraído con técnicas como el fracking, extremadamente dañino para el medio ambiente. De cualquier modo, esta acumulación no es suficiente, ya que se prevé que el consumo aumente en las próximas semanas. Las medidas de planificación y eficiencia energética son necesarias, pero no son suficientes ni atajan el problema principal: el diseño del actual mercado eléctrico. Para alcanzar una verdadera soberanía energética necesitamos poner fin a los beneficios caídos del cielo y redistribuir de manera social los beneficios que las compañías están generando; debemos también recuperar el control público de la energía, como bien básico y global que es, así como eliminar cualquier chantaje y dependencia del gas abandonando los combustibles fósiles y dando un impulso definitivo a las renovables.

Entendemos la timidez de las medidas propuestas hasta ahora porque el lobby de las energéticas tiene mucho poder. Pero nos resistíamos a creer que la Unión, sabiendo que su propia razón de ser está en peligro, se iba a plegar de esta manera ante las empresas de combustibles fósiles y las grandes eléctricas. Ojalá este no fuera el tema que domine los próximos meses, pero mucho me temo que así será y seguiremos defendiendo la alternativa de justicia climática, social y energética.

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