El 33% de la superficie de Europa está afectada por la contaminación acústica

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Según el último informe publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés) ‘Zonas tranquilas en Europa: el ambiente no afectado por la contaminación acústica”un tercio de los paisajes de la Unión Europea está potencialmente afectado por la contaminación acústica causada por la actividad humana.

El informe ofrece una primera evaluación de las zonas potencialmente tranquilas en las regiones rurales de Europa. Aproximadamente el 18% de la superficie de Europa se puede considerar como zona tranquila, frente al 33% que está potencialmente afectada por la contaminación acústica.

La distribución de las zonas tranquilas está directamente relacionada con la densidad de población y el transporte, la altura, el uso del suelo, la presencia de actividad humana o la distancia de las costas. Según la Agencia Europea, la protección de estas zonas podrían aportar grandes beneficios ambientales y de salud para los ciudadanos. Entre las medidas que proponen se encuentran: la puesta en práctica de la legislación nacional o local para restringir ciertos negocios o actividades recreativas en zonas tranquilas.

Según el mapa elaborado tras las mediciones, los países con densidades de población relativamente bajas, como Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, tienen la mayor proporción de las zonas tranquilas. Por el contrario, las zonas más ruidosas se encuentran en regiones con mayor densidad de población, como Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. Las áreas remotas como los Alpes o zonas cercanas a la costa mediterránea también tienen una alta proporción de las denominadas zonas tranquilas.

Esta contaminación acústica tiene efectos nocivos tanto en los ciudadanos europeos como en las especies animales. El ruido ambiental es uno de los contaminantes más extendidos en Europa. Una evaluación europea de 2014 estimaba que al menos uno de cada cuatro ciudadanos europeos están expuestos al ruido del tráfico rodado por encima de los umbrales establecidos por la UE, un total de 125 millones de personas. Los efectos nocivos de la contaminación acústica en los seres humanos incluyen irritación y trastornos del sueño, que a su vez pueden dar lugar a problemas más graves como hipertensión o enfermedades del corazón.

Pero también hay una creciente evidencia científica sobre los efectos nocivos del ruido antropogénico sobre la vida silvestre. En la naturaleza, muchas especies dependen de la comunicación acústica para las acciones más importantes de su vida, tales como la búsqueda de alimentos o la localización de un compañero. La contaminación acústica puede interferir de manera significativa en estas funciones.