Tania González, Eurodiputada de Podemos y Vicepresidenta del GUE: “Nuestra actividad no termina en el Parlamento Europeo, es muy importante estar en contacto con la gente”

Foro Europa Ciudadana ha puesto en marcha un espacio monográfico de entrevistas a los Eurodiputados españoles para que nos cuenten su experiencia en las instituciones europeas. Ramón JáureguiEurodiputado del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas; Ramón Luis ValcárcelVicepresidente del Parlamento EuropeoIzaskun BilbaoEurodiputada del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Vicepresidenta del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE); Soledad Cabezón, Eurodiputada del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas; y Santiago Fixas, Eurodiputado del Grupo del Partido Popular Europeo,  ya han participado en esta iniciativa para acercar el día a día de la actividad política en Bruselas.

La siguiente Eurodiputada española que nos acerca la actividad política del Parlamento Europeo es Tania González. Eurodiputada de Podemos y Vicepresidenta del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (GUE). González es Lincenciada en Ciencias Políticas y de la Administración. Antes de ocupar su escaño en el Parlamento Europeo Tania fue la Coordinadora del Máster Género y Desarrollo del Instituto Complutense de Estudios Internacionales) y Profesora de Formación y Orientación Laboral (FOL) en el Instituto de Educación Secundaria (IES) Marismas (Santoña). Además trabajó como profesora de FOL en el IES Virgen de la Calle (Palencia), en el IES Ezequiel González (Segovia), IES La Vaguada (Zamora),  el Instituto de Formación Profesional (IFP) Río Ebro (Miranda de Ebro) y en el Centro de Educación de Personas Adultas (Laredo).

Desde el año 2014 desarrolla su actividad política en el Parlamento Europeo y hemos querido conocer de primera mano sus impresiones sobre las instituciones europeas:

∙    ¿Cómo es el día a día en el Parlamento Europeo?

En realidad habría que empezar precisando que no hay nunca dos semanas iguales en el Parlamento Europeo. Es cierto que hay un calendario que establece las semanas de reuniones de comisiones, las reuniones de los grupos políticos y las semanas de votación en Estrasburgo. Pero lo cierto es que además de  todo eso llevamos una agenda muy apretada de reuniones y negociaciones sobre los informes que llevamos, además de las constantes reuniones con la sociedad civil tanto en Bruselas como en España. Todo ello hace que el concepto de “día a día” o de rutina sea muy diferente al de cualquier otro trabajo. Muchas veces, las noticias llegan a primera hora y hay que reaccionar con rapidez ante sucesos de política exterior o de europea, como por ejemplo la aparición del comisario Arias Cañete en los papeles de Panamá.

No obstante, un día normal durante las semanas en Bruselas suele incluir siempre la discusión en comisiones de los dosieres e informes que atañen a una comisión. Yo, por ejemplo soy miembro de las comisiones de Transportes y Empleo y asuntos sociales. En las comisiones trabajamos en informes legislativos y no legislativo sobre diferente temas competentes para la comisión. Por ejemplo, en la comisión de empleo venimos trabajando en la monitorización del programa de garantía juvenil en los estados miembros o en un informe sobre las estrategias de reducción de la brecha de género en las pensiones. Una buena parte de nuestro trabajo consiste en la elaboración y negociación de enmiendas para estos informes, y en el estudio de las propuestas que realiza la comisión. Pero también mantenemos constantes contactos con la sociedad civil y colectivos sociales en asuntos relacionados con las actividades de la UE. Por ejemplo, desde la delegación para las relaciones con la Comunidad Andina, de la que soy vicepresidenta, venimos realizando una labor de monitoreo internacional de la implementación de los acuerdos de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, y esto se condensa en diferentes iniciativas que hemos realizado dentro del Parlamento. Sin embargo, nuestra actividad no termina aquí, ya que consideramos muy importante estar contacto con la gente y por ello cada vez que tenemos ocasión, buscamos ir a los pueblos y ciudades de nuestro país para poder transmitir nuestro trabajo, ya que dada la distancia y el poco interés de los medios, muchas veces es poco conocido.

∙     Cuando tomó posesión de su acta como eurodiputado, ¿qué fue lo que más le llamó la atención?

Lo primero que me llamó la atención fue cómo estaba diseñado el Parlamento Europeo, con una arquitectura y unos procedimientos que están destinados para marcar distancia con la ciudadanía en vez de acercarla. En los años noventa era mucho más fácil acceder al edificio para asistir a reuniones y eventos, y poco a poco el aumento de la seguridad y los controles ha hecho que el edificio se blinde sobre sí mismo, curiosamente al tiempo que cada vez la gente siente la UE como algo más lejano.

En el EP todo está hecho a medida para los diputados con una cantidad de lujos y prebendas que son excesivas para personas que trabajan para cumplir con un mandato popular. Desde la utilización de coches oficiales, puertas diferenciadas, sueldos exorbitantes, restaurantes distintos para eurodiputados que para trabajadores etc. En Podemos no estamos nada de acuerdo con estos sueldos y por eso los eurodiputados solo cobramos tres salarios mínimos y renunciamos a los planes de pensiones privados y coches oficiales. En esta institución todo parece estar hecho para acallar la voluntad política de cambiar las cosas a cambio de sueldos y beneficios para los representantes públicos. Esto es simple y llanamente inaceptable para quienes creemos en una Unión Europea social y solidaria que tiene que estar a la altura de sus ciudadanos.

∙     ¿Qué diferencias hay entre el Parlamento Europeo y otros Parlamentos en los que haya estado (Congreso de los Diputados, Parlamentos autonómicos)?

La verdad es que para poder explicar qué es exactamente el Parlamento Europeo hay que imaginar veintiocho parlamentos nacionales trabajando simultáneamente en tareas que tienen que ver desde los papeles de panamá, el desempleo juvenil, la política exterior europea o la crisis de refugiados. Desde el etiquetado de productos alimenticios hasta la implementación de los acuerdos de Paz en Colombia. A esto hay que sumarle una diferencia fundamental entre el Parlamento Europeo y otros Parlamentos: el Parlamento no tiene iniciativa legislativa sino que forma parte de un complejo equilibrio legislativo entre la Comisión y el Consejo, entre un organismo altamente tecnocrático y una institución representante de los gobiernos de los Estados miembros. Pero la cosa no termina aquí, existen muchos tipos de procedimientos de una enorme complejidad tanto técnica como política que tienen unos ritmos muy lentos en comparación con los ritmos que la sociedad demanda. Por ejemplo, la UE llegó muy tarde a la gestión de la crisis de refugiados en 2014, y cuando llegó a una determinación, fue para inmediatamente claudicar ante los estados miembros que decidieron levantar muros en vez de tender puentes para acoger a unos refugiados que llevaban casi un lustro huyendo de la guerra.

Así pues se trata de una cámara que a pesar de tener una carga de trabajo muy fuerte, tiene poco margen de decisión inicial y final. Nosotras siempre hemos defendido que el Parlamento tiene que tener iniciativa legislativa principalmente por dos motivos: porque es la sede de la soberanía popular europea y los eurodiputados elegidos en comicios democráticos tienen que poder trabajar por identificar los problemas y buscar soluciones y no sólo actuar reactivamente a las propuestas de la Comisión. Y en segundo lugar, porque la Comisión Europea tiene actualmente, un poder desmedido que no está siendo utilizado de una forma prudente y basada en los consensos. La administración Juncker, como previamente hiciera la administración Barroso, está actuando en contra de los propios tratados de la UE durante los años de la crisis, y recientemente con la firma del acuerdo con Turquía para la externalización de las fronteras. Hace falta un organismo que tenga iniciativa y que no sea sólo un contrapeso para evitar que una administración tecnocrática con demasiado poder actúe contra los intereses de la propia ciudadanía europea.

∙     ¿Cómo es la relación con otros diputados de otros países?

Lo cierto es que tenemos una muy buena relación con la mayor parte de las eurodiputadas y eurodiputados de nuestro grupo político (GUE/NGL) con quienes compartimos iniciativas a nivel político internacional, pero también un estrecho trabajo en las comisiones. Por ejemplo, trabajamos muy a menudo con la eurodiputada Kostadinka Kuneva de Syriza en diferentes aspectos relacionados con la mejora de las condiciones de trabajo de las trabajadoras domésticas y del sector hotelero. Cuando vinimos al parlamento europeo teníamos claro que las instituciones europeas habían invisibilidad sistemáticamente a sectores de la población, y que a ojos de las instituciones o bien no existían o bien se analizaba su situación de forma muy superficial. Por tanto, desde el primer momento buscamos a otros eurodiputados para hacer un frente común para conseguir avances en este sentido. Lamentablemente nos encantaría encontrar más apoyos, pero durante la primera parte de este mandato la gran coalición de conservadores y socialista ha aplicado un rodillo parlamentario que hace muy difícil conseguir los cambios sustanciales por los que peleamos.

No obstante, el Parlamento Europeo es muy heterogéneo, y en general predomina un ambiente de trabajo muy propositivo a la par que competitivo. En general, el parlamento europeo es una institución mucho más abierta a la negociación política que cualquier otro tipo de congreso o cámara autonómica. Aunque también tenemos que convivir con grupos como el Frente Nacional, la Liga Norte y otras fuerzas de ultraderecha que exhiben un comportamiento bastante irrespetuoso y faltón hacía el resto de diputados, y dada la evidente distancia ideológica, mantenemos un trato distante y de firme oposición a sus acciones.

∙     ¿Qué destacaría de la actividad del Parlamento Europeo?

Creo que hay que distinguir claramente entre el trabajo que Podemos está realizando en las instituciones y la propia actividad del Parlamento Europeo como institución. Cuando en 2014 dimos una sorpresa en las elecciones europeas al conseguir 5 eurodiputados, llegamos al parlamento con un mandato popular que puede resumirse en la necesidad de poner las instituciones al servicio de la gente. Las mismas instituciones que desde hacía tiempo habían sido crueles con los débiles e indulgentes con los poderosos, ya fuera mediante las medidas de austeridad, el tratamiento al pueblo griego, la Politica exterior belicista e indolente, desatendiendo la crisis migratoria o los altos índices de desempleo. Nosotros llegábamos al parlamento buscando cambiar este estatus quo que había generado un enorme déficit de legitimidad hacía las instituciones europeas. Tres años más tarde seguimos en la misma senda y durante este tiempo hemos luchado contra el TTIP y el CETA, contra los continuos ajustes austerísimas hacía los pueblos del sur de Europa. Por el reconocimiento de las trabajadoras de sectores invisibles y precarias. No obstante, la gran coalición de conservadores y socialistas ha mantenido paralizada a la cámara durante dos años, sin dejar ningún espacio para una iniciativa Politica que cuestionara la forma de hacer las cosas y dijera que otra europea es posible. Nos queda mucho trabajo por hacer y nuestro ánimo sigue siendo el devolver las instituciones europeas a la ciudadanía.

Respecto a la actividad del propio parlamento europeo creo que debemos de ser críticos y no caben medias tintas a la hora de señalar que muchos eurodiputados de esta legislatura han consentido con su voto medidas que han actuado contra los ciudadanos europeos en asuntos de muy distinta índole como la aprobación del TTIP y el CETA, la actual Politica migratoria o los programas de ajustes en diversos países del sur de Europa. Lejos de actuar como un baluarte de la soberanía popular europea han vendido sus principios por treinta monedas de plata de la Comisión Europea. Y así, en vez de hacer que la crisis la pagaran aquellos que la provocaron, han terminado pagándola quienes menos tenían sin que a las instituciones europeas les temblara el pulso ante esta traición de los propios tratados fundacionales. El Parlamento ha sido demasiado connivente y solicito frente a la Comisión y el Consejo que han actuado durante esta década con un poder prácticamente ilimitado, haciendo saltar por los aires el contrato social con la ciudadanía que se llevaba construyendo durante varias décadas. No obstante, con la aparente ruptura de la gran coalición, el parlamento y los grupos políticos que conviven en él tienen frente a sí una nueva oportunidad de corregir el rumbo del proyecto Europeo. Hay que trabajar por establecer una Europa más social, que sea capaz de hacer que los poderosos no se salten las normas del juego y asegure bienestar y derechos sociales a la ciudadanía. Creemos que existe una mayoría social en Europa que reclama menos austeridad y más democracia, que no se adscribe dentro del euroescepticismo xenófobo de Farage y Le Pen, pero que todavía no ha encontrado un proyecto político que les represente a escala europea. Nuestro deber es construir ese proyecto para poder volver a pensar en una idea de futuro común para Europa.

Publicado en: Foro Europa Ciudadana

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