Sesenta años del Tratado de Roma

El lunes 25 de marzo de 1957, Christian Pineau, Joseph Luns, Paul Henri Spaak, Josepf Bech, Antonio Segni y Konrad Adenauer –es decir, Francia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Italia y la República Federal Alemana– firmaron en Roma dos tratados. Uno de ellos creó la Comunidad de la Energía Atómica (EURATOM), pero el que todo el mundo conoce como Tratado de Roma es el que dio pie al nacimiento de la Comunidad Económica Europea (CEE).

El acuerdo de ‘Los Seis’ fue rápidamente ratificado por los parlamentos de los países firmantes, por lo que el Tratado constitutivo de la Comunidad Económica Europea, como se denominó oficialmente, entró en vigor el 1 de enero de 1958 con el fin de trabajar para la integración y el crecimiento económico a partir del comercio.

En el preámbulo, los firmantes aceptan crear una “unión cada vez más estrecha” entre los pueblos europeos, asegurar el progreso económico y social de los firmantes terminando con las barrera comercial y otros obstáculos, mejorar las condiciones de vida y trabajo de los ciudadanos, garantizar un intercambio comercial equilibrado y una competencia leal, reducir las diferencias económicas y sociales entre regiones de la CEE, establecer una política comercial común, respetar la Carta de las Naciones Unidas y consolidar la defensa de la paz y la libertad, invitando al resto de pueblos de Europa que comparten el mismo ideal a asociarse.

Los objetivos fijados para la CEE fueron transformar las condiciones económicas y de producción en los territorios de Los Seis y avanzar hacia una unificación política de Europa. Para ello, se creó un mercado común, sustentado en el pilar de la libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales.

El Tratado de Roma supuso además la creación de una unión aduanera, suprimiendo los límites a las exportaciones en los seis estados firmantes, estableciendo al mismo tiempo un arancel aduanero exterior común. Lo que diferenció a la unión aduanera de un tratado de libre comercio fue el establecimiento de una política comercial común.

Dicha política comercial común estaba acompañada de otras dos: la Política Agracia Común (PAC), que hoy día continúa en activo y a la que se destina a través del Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola el grueso del presupuesto europeo; y la Política Común de Transportes.

Además, se acordó la creación de varias instituciones a nivel europeo destinadas a la toma de decisiones desde una visión común. Se crearon el Consejo, la Comisión, la Asamblea parlamentaria -que se convertiría en el Parlamento Europeo-, el Tribunal de Justicia Europeo y el Comité Económico y Social.

Aquel 25 de marzo de 1957 se sentaron las bases para buscar una progresiva unión política desde la unión económica y comercial. Sesenta años después, la Unión Europea vive el peor momento desde su creación, espoleada por las amenazas eurófobas, los populismos, los retos de la inmigración, el Brexit y una desafección de la ciudadanía con la clase política que ahonda en una clara brecha entre las instituciones europeas y el conjunto de la sociedad.

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